Hay artistas que no solo publican canciones, sino que abren puertas a espacios emocionales muy concretos. Alba Morena acaba de hacerlo de par en par con «2º-1ª», su nuevo single. El título, que remite inevitablemente a la dirección de un piso, no es casualidad: este primer adelanto de su próximo proyecto se siente como un lugar habitado, íntimo y, sobre todo, valiente.
Tras el impacto de su álbum debut, Las dos edades, y ese ejercicio de transición que fue el EP Trámite, la artista de Salou (nacida en el 2000) inicia aquí una nueva etapa creativa. Si en sus trabajos anteriores ya vislumbramos a una creadora que no teme romper las costuras del pop, en «2º-1ª» esa libertad se consolida con una madurez que asusta para su edad.
Un lenguaje forjado entre el conservatorio y la calle
Lo que hace que la propuesta de Alba sea tan difícil de etiquetar —y tan fascinante de escuchar— es su formación. Su paso por el Conservatorio de Vila-seca y el Taller de Músics no le ha servido para encasillarse en el academicismo, sino para todo lo contrario: para tener las herramientas necesarias con las que deconstruir el género.
En sus composiciones conviven: Electrónica minimalista y punzante. Raíz flamenca y lírica clásica. Pop alternativo con una producción vanguardista.
¿Qué esperar de su próximo proyecto?
«2º-1ª» funciona como la primera pieza de un puzle que promete ser su trabajo más personal hasta la fecha. Como alguien que ha seguido su evolución desde aquellas primeras maquetas, noto en este single una intención de conectar con lo cotidiano desde una estética sofisticada. Alba Morena ya no es una «promesa» de la escena catalana; es una de las realidades más sólidas del nuevo pop estatal.
Este estreno llega en un momento dulce para ella, consolidándose como una voz capaz de emocionar tanto en la intimidad de unos auriculares como en el riesgo del directo. Si este es el nivel del primer adelanto, el disco que viene va a ser, sin duda, uno de los hitos de este 2026.